GARDEL Y EL “PENDENTIF” DE DOÑA BERTA
Por Héctor F. Rebasti (*)
Argentina, 2010

Tomando en mano el comentario publicado en el diario LA NACIÓN, por el periodista Hugo Beccacece, acerca del libro “Los años dorados (1880-1939)”, de Alberto Dodero y Philippe Cross, nos introducimos en la dorada “belle epoc”, cuando para referirse a la opulenta riqueza de un individuo, se decía “Il est riche comme un argentin”, ¡ Es rico como un argentino ¡
El mencionado libro da cuenta entre otros pormenores, como los integrantes de nuestra “Alta Sociedad”, alternaban en París con lo más granado de la nobleza y de la burguesía mundial.
Ya ubicados en el “tiempo”, pasamos a relatar lo dicho, en cuanto a que en esa época, los vendedores de las joyerías de Place Vahándome y de las casas de alta costura, conocían de memoria los nombres de los clientes llegados de una pródiga Buenos Aires.
¡Los argentinos tallábamos para entonces, en la Ciudad Luz!
Fue en ese tiempo en que también llegó a España Carlos Gardel, que luego pasó a Toulouse y por lo expresado en el libro “Los años dorados …”, también anduvo por París, donde actuaban algunas de sus viejas amistades (año 1924) y se movían varios habitúes de las noches porteñas, que él ya conocía de Buenos Aires.
Los principales puntos del comercio de lujosas alhajas y relojes, eran los locales de “Cartier” y “Van Cleef”, joyería donde Carlos se hizo diseñar el “pendentif” de ónix y brillantes, que sirve de “copete” a esta nota y que no era precisamente una prenda de poco valor. (**)

Las personas que supieron de tal “encargue”, pensaron que la joya tendría como destinataria a alguna de las aventuras femeninas de Carlos, pero ¡Oh .. sorpresa!, la receptora de esa valiosa "gema", sería su madre biológica, Marie Berthe Gardes, a quien él adoraba entrañablemente.
Hoy, como prueba irrefutable de esta verdad, podemos exhibir la imagen del mencionado “pendentif” de brillantes, a la vez que la fotografía de doña Berthe, luciendo el lujoso regalo de su querido hijo.

Han pasado ochenta y seis años de ese suceso, claro revelador de afectos e identidades recíprocas entre madre e hijo.
Sin embargo, aún hoy, existen seres que actúan como pretendidos investigadores, pero hacen caso omiso de todas estas realidades, que constituyen la VERDADERA HISTORIA, a la vez que pretenden seguir vendiéndonos una fábula carente de sentido, que fue urdida en base a siniestras relaciones y capciosas interpretaciones, que se sumaron a la injuria para todo aquél que se les opone.
Héctor F. Rebasti
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(*) Con la colaboración de José Pedro Aresi
(**) Ver suplemento del diario LA NACIÓN, del 17 de noviembre del 2007
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